Paso la palabra. Para meditar cada día: 1/6/2026

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 1/6/2026
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: - Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella. Jesús les respondió: - Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados. ( Marcos 12,18-27).

1.      Nueva polémica de Jesús con sus enemigos. Esta vez con los saduceos, que no creían en la resurrección. Argumentan desde el caso ficticio de siete hermanos que se van casando sucesivamente con la misma mujer (la cuñada viuda, sin hijos varones), para darle descendencia al hermano fallecido, según manda la ley del levirato (de levir=cuñado). Si hay resurrección, preguntan, “cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer?” Otra vez la hipocresía frente a la sinceridad de vida de Jesús. Fingen “querer saber”, pero lo que siguen buscando es poner en ridículo a Jesús para desacreditarlo. Jesús desenmascara su malicia diciéndoles que no entienden nada, pues “la otra vida”, la vida nueva que Dios nos tiene preparada en el cielo será muy diferente de la de este mundo: “Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo.” No será, pues, “revivir”, es decir, volver a esta vida y a este cuerpo físico, sino “resucitar”, es decir, resurgir a una vida nueva, espiritual, que no acaba, pues, como dice san Pablo, seremos transformados y revestidos de incorrupción e inmortalidad. (1Cor 15-16)                                                                                                                                                                                 

2.       “¿No habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos”. ¡Qué estupenda noticia, Señor, cuánta esperanza levanta en mi corazón! La vida del hombre no es, como algunos pretenden, un absurdo, -una “pasión inútil”, decía Sartre-, sino la antesala de una maravillosa fiesta que ni podemos soñar. El hombre no es un ser-para-la-muerte, sino un-ser-para-la-vida-y-la-fiesta. La muerte no hará sino abrirnos la puerta para que entremos en “la sala del convite” que nos tiene preparado el Padre. Ésta es la fe que sostuvo a tantos mártires en sus sufrimientos y que nos sostiene a nosotros, que a pesar de las dificultades, te seguimos, Señor, viviendo y expandiendo tu mensaje de amor y entrega. ¿Cómo no perseverar en tu camino, Señor, aunque me cueste renuncias y sufrimientos, y cómo no recorrerlo con la alegría en el corazón, si sé adónde me lleva? San Pablo lo dijo: “Los sufrimiento de ahora son nada comparados con la gloria que nos espera.” (Rom 8, 18).

3.      La vocación del cristiano es ésta, pues: Vivir siempre y vivir en plenitud de vida y de gozo la vida de Dios. Vivir y a amar mucho más de lo que ahora sabemos y podemos. Y sentirnos infinitamente amados. Sentir plenamente saciada por Dios esta sed de amor, de vida, de justicia, de felicidad, etc., que sentimos, porque viviremos en comunión con el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que es la Vida, el Amor, la Justicia, la Alegría y la Felicidad, y en comunión con todos aquellos a los que amo y he amado. Gracias, Señor, porque, bondadosamente, me lo has dado a conocer. 

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

1/6/2026


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