Paso la palabra. Para meditar cada día: 3/4/2025

Paso la palabra. Para meditar cada día
Paso la palabra. Para meditar cada día: 3/4/2025
Por Jesús Aniorte

1. Preparación

Señor, aquí estoy delante de ti. Ayúdame a tomar conciencia viva de que tú estás conmigo siempre. Esté donde esté, tu presencia amorosa me envuelve. Dame tu gracia para que este rato de oración me sea provechoso. Que vea claro qué quieres de mí. Dame un corazón nuevo, que me guíe por tus caminos de amor. Me pongo en tus manos, Señor. Soy todo tuyo. Haz de mí lo que tú quieras. Amén.

Ahora lee despacio la Palabra de Dios y las reflexiones que se proponen. Déjate empapar de la Palabra de Dios. Si con un punto de reflexión te basta, quédate ahí, no prosigas.

2. La palabra de Dios

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?... Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado? Ella contestó: Ninguno, Señor. Jesús dijo: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”. (Juan 8, 1-11).

1 Los que presentan a Jesús la mujer aquélla sorprendida en flagrante adulterio -que según la ley debía ser apedreada-, no lo hacen tanto por celo por la ley, cuanto por encontrar motivos para condenarle a él: si no condena a la mujer, le acusarán de que no cumple la ley, y  si la condena, podrán decir que mucho predicar perdón y misericordia, pero a la hora de la verdad, condena como cualquier otro. En un primer momento parece que Jesús se desentiende del problema y se pone a escribir en tierra. ¿Qué escribía? No lo sabemos, pero parece que algo que dolió a los acusadores. Como éstos insisten, Jesús les dice:”El que esté libre de pecado que le  tire la primera piedra.” Como diciéndoles que se fijen menos en el pecado de esta mujer, y más en los propios. “E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.” Señor, con qué facilidad condenamos a los demás; qué pronto nos sale el juicio contra el hermano. Y lo hacemos también bajo apariencia de celo por Dios. ¡Qué bien nos vendría  muchas veces que alguien desenmascarara nuestra hipocresía, diciéndonos eso de: ”El que esté libre de pecado que le  tire la primera piedra”, a la vez que escribe en tierra algunos pecados nuestros! A ver si entonces nos atrevíamos a seguir tirando piedras…

2 Cuando todos se han marchado, queda Jesús solo con la mujer, a la que dice: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado? Ella contestó: Ninguno, Señor. Jesús dijo: Tampoco yo te condeno. Anda, y no peques más”. Meditando este pasaje, podríamos preguntarnos por la mirada de aquella mujer pecadora. Sin duda, sería una mirada de súplica esperanzada. Y ¿la mirada de Jesús? Simone Weill dice que “lo que salva es la mirada.” Así sería la mirada de Jesús: una mirada que salva, que regenera, que invita a salir del hondón del pecado, del autodesprecio quizás.  Aquella mujer pecadora no necesitaba piedras; las piedras matan, no regeneran. Ella necesitaba una mirada que pusiera confianza en su corazón, que despertara todo lo bueno que dormía en su interior y le animara  a construir un futuro distinto, nuevo. Señor, míranos así. Necesito esa mirada tuya, que me diga que sigues confiando en mí, que puedo empezar de nuevo a pesar de todos mis pecados; esa mirada que me invite: “No te condeno. Anda y no peques más.”

3 Qué cuaresma sería la nuestra, qué renovadora, si aprendiéramos la lección que hoy nos da el Señor: “El que esté libre de pecado que le  tire la primera piedra”. Eso. Mirarnos siempre a nosotros, antes de tirar la piedra contra el hermano. Y mirar al hermano que ha pecado, no con mirada condenadora, sino con mirada de misericordia y amor, mirada regeneradora, que confía y anima a comenzar una vida nueva. Mirada como la tuya, Señor: limpia, sin lentes deformadoras; que busca lo bueno que hay en cada uno, para hacer que salga a flote ,y no mirar sólo este pecado de ahora; mirada acogedora, cordial, de benevolencia; mirada que dé aliento y, como tú, invite: “Anda, y en adelante no peques más”.  

3. Diálogo con Dios

A la luz de esta Palabra y estas reflexiones, pregúntate qué te pide el Señor... Háblale como a un amigo. Pídele perdón, dale gracias. … Escucha en tu corazón qué te dice el Señor. Pide que te ayude para poder llevar a la práctica los deseos que han surgido en tu corazón.

3/4/2025


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